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Fundiéndose en el tejido del tiempo y el espacio.

  • 8 jun
  • 4 min de lectura

¿Alguna vez has sentido el intercambio de energía que fluye a través de ti, generado por todo lo que te rodea?

¿Esa sensación de unidad con el campo cuántico? Aunque parezca increíble, es posible, y te invito a que lo intentes. Así fue para mí, y es una forma de que tú también lo experimentes.

Vivir en Asia, para mí, es un regalo en muchos sentidos. Nuestras vidas son mucho más abiertas, inmersas en la naturaleza, y vivimos una vida más pausada y sencilla. La mayor parte del tiempo, vamos en moto, atravesando arrozales y sorteando el tráfico, a veces caótico, que no impide que los motociclistas esquiven los obstáculos, incluso subiendo a veces a las aceras. Pero lo que quiero transmitir aquí es que la moto (que no es la protagonista de esta publicación, sino más bien un medio) me permite experimentar sensaciones intensas de presencia y libertad. El viento activa cada receptor celular de mi piel, impulsándome a estar presente. Siento las suaves e invisibles manos del viento acariciando mi piel, recorriendo la anatomía de mis brazos y obrando su magia, abriendo mi pecho para experimentar el ahora. Cruzo la mirada con otra persona e intercambiamos una sonrisa. El sol del ecuador me llena de energía, bronceando y calentando mi piel, y me siento viva y afortunada. En los días de lluvia, las gotitas, ansiosas por tocar la tierra, caen del cielo buscando contacto. Estoy aquí, parte del universo, lista para ser parte de la lluvia, como si fuera una magnífica orquestación. Algunas gotitas me interceptan en el camino, y a veces tienen tanta prisa que chocan contra mí, como si estuviera en su camino. Se puede sentir su fuerza, su peso y su densidad.
Conducir por debajo y alrededor de la naturaleza, sin barreras que me separen de ella, da la ilusión de estar más cerca de la Tierra.

Hoy, abrazando esa energía y comprendiendo que somos uno —una energía que vibra a diferentes frecuencias, todos parte del campo cuántico, todos parte de la Fuente— conduje mi motocicleta en la red. Al pasar entre personas y cosas, estuve presente, consciente de su energía y de su papel en la orquestación de todo. Me concentré en los árboles y las personas, deseando sentirlos. Dejé que mis ojos se posaran en ellos por un breve instante y permití que mis sentidos percibieran su presencia, su energía.
Sentirme uno con todo siempre me produce las mismas sensaciones: paz, amor y perspectiva. Percibir los árboles y su energía es curioso, pues la mayor parte del tiempo su energía es la misma: estable, abierta y pura. Los seres humanos, en cambio, estamos llenos de diversidad y emociones, que se traducen en diferentes vibraciones.
A veces, elijo concentrarme en un objeto específico, como árboles o personas. Otras veces, quiero sentir el campo cuántico como "todo lo que existe".

Es muy parecido a la sensación de nadar en el agua. Sientes que formas parte de ella; estás rodeado por ella, estás dentro de ella, y la única diferencia es que, en este caso, tú también eres agua. Así, tus ojos y tu capacidad de visualización pueden adaptarse para ver y percibir tu entorno como partículas de luz, aún con formas figurativas, pero percibes su energía.

Los invito a tomar conciencia e intentar sentir el campo cuántico.

La próxima vez que te duches, prueba este pequeño experimento: cierra los ojos y siente el agua en tu piel: cómo fluye por tu cuerpo, su temperatura, dónde fluye más rápido, dónde te golpea con más fuerza y qué sensaciones experimentas en ese instante. Concéntrate tanto en el presente que incluso puedas ver una gota rodando por tu frente. Relájate y fúndete con ese momento, con el agua que te recorre. Mantén los ojos cerrados. No te pierdas el momento. Visualízate como un ser de luz pura y la lluvia de la ducha como partículas de luz pura. Siente como si estuvieras tomando una ducha ligera y permanece en ese estado el mayor tiempo posible.
Puede parecer una simple visualización —quizás ingenua o producto de tu imaginación—, pero es una herramienta poderosa. Te permite entrar en un estado de vibración más elevada, ayudándote a recordar y a traer de vuelta tu verdadera esencia a la experiencia. Aunque nuestra mente no recuerde quiénes somos, nuestra alma siempre está presente. Y a través de experiencias como esta, podemos recuperar la memoria de nuestra alma al vibrar en sintonía con ella. Es muy parecido a explicar y visualizar cómo funciona, se siente y da un abrazo.
También puedes cerrar los ojos y ver una red de energía que une todo aquello de lo que formas parte. Si te resulta difícil visualizar todo como parte de ese campo con tu visión interior, intenta imaginar cada objeto o persona conectado por un cordón dorado, con una esfera dorado-blanquecina que mantiene unidos todos los cordones.

No te rindas si, al intentarlo, te resulta difícil o no logras visualizar las imágenes. Sigue practicando, sigue anhelando esa vibración y recuerda que tú eres todo lo que existe. Al hacerlo, envías un mensaje claro al universo y a tu ser superior: estás listo, estás presente, y tu intención y vibración abrirán las puertas a recuerdos más profundos.

Pero sobre todo… ¡JUEGA! ¡Disfrútalo como un juego! Sin presión, sin expectativas, solo emoción.


 
 
 

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